Con la llegada del buen tiempo, los paseos por el campo, los parques y las zonas con hierba se convierten en el plan favorito de muchos perros. Pero esta misma época trae consigo un peligro que pasa desapercibido para muchas familias: las espigas.
Estas pequeñas semillas vegetales pueden parecer inofensivas, pero son capaces de causar verdaderos problemas de salud a tu mascota. Te contamos qué son, cómo detectarlas a tiempo y, sobre todo, cómo evitar un disgusto este verano.
Qué son las espigas y por qué son tan peligrosas para los perros
Las espigas son las semillas secas de ciertas gramíneas que abundan en primavera y verano. Tienen una forma alargada y puntiaguda, con pequeñas púas orientadas en una sola dirección, lo que hace que solo puedan avanzar hacia delante y nunca retroceder.
Ese diseño es justo lo que las vuelve tan peligrosas. Cuando una espiga se engancha en el pelo o la piel de tu perro, puede clavarse y migrar hacia el interior del cuerpo, perforando tejidos y provocando infecciones. Si no se retira a tiempo, llega a alcanzar zonas profundas e incluso órganos internos.
Por eso la rapidez es clave: detectarlas pronto evita complicaciones que, de otro modo, podrían terminar necesitando una intervención quirúrgica.
Dónde se clavan las espigas en perros y cómo detectarlas
Las espigas pueden engancharse en casi cualquier parte del cuerpo, pero hay zonas especialmente vulnerables. Conocer las señales te ayudará a actuar antes de que el problema vaya a más:
En las patas
Es la localización más frecuente. Si tu perro cojea, se lame insistentemente entre los dedos o tiene la zona enrojecida o inflamada, es muy probable que una espiga se haya clavado en la almohadilla o entre los dedos.
En las orejas
Si sacude la cabeza con fuerza, la ladea siempre hacia el mismo lado o se rasca la oreja sin parar, puede tener una espiga en el conducto auditivo. Suele resultarle muy molesto y conviene revisarlo cuanto antes.
En los ojos
El lagrimeo excesivo, el enrojecimiento o un ojo que mantiene cerrado son señales claras de alerta. Las espigas en los ojos requieren atención veterinaria inmediata para evitar daños mayores.
En la nariz
Los estornudos repentinos y continuos, a veces acompañados de un poco de sangre, suelen indicar que ha inhalado una espiga al olfatear el suelo. No conviene esperar a que se solucione por sí solo.
En la boca y la garganta
Si tu perro tose, tiene arcadas o traga de forma extraña después de pasear, puede haberse tragado una espiga al mordisquear la hierba. Revísalo y consulta si los síntomas no desaparecen pronto.
Qué hacer si tu perro tiene una espiga
Si la espiga está a la vista y simplemente enganchada al pelo, puedes retirarla con cuidado con la mano o con un peine. El problema llega cuando ya se ha clavado o cuando no eres capaz de localizarla.
En ese caso, lo más seguro es acudir al veterinario sin demora. Intentar sacarla a la fuerza puede empujarla todavía más adentro y empeorar la situación. Un profesional la extraerá de forma segura y comprobará que no haya dejado infección.
Cómo prevenir las espigas en perros durante el verano
La mejor defensa es siempre la prevención. Evita los paseos por zonas con hierba alta o seca en los meses de más riesgo y, al volver a casa, dedica unos minutos a revisar a tu perro: patas, orejas, axilas, ingles y entre los dedos.
Mantener el pelo recortado en las zonas más delicadas, sobre todo en perros de pelo largo, también reduce mucho las probabilidades de que una espiga se enganche y pase desapercibida hasta que ya es un problema.
Y si necesitas dejar a tu peludo en buenas manos durante el verano, en nuestra guardería lo supervisamos en todo momento y nos aseguramos de que vuelva a casa sano y sin sorpresas. Escríbenos y déjalo con nosotros mientras tú descansas con total tranquilidad.
